Saturday, July 22, 2006


Friday, June 16, 2006


Tuesday, January 31, 2006


Desde un rascacielos
Valentina Rozas Krause

“…..y Dios decidió castigar a los hombres quitándole a todos sus arquitectos…”
Así comienza el tratado de arquitectura de Boullè.
Además de un encandilante egocentrismo, bajo esta cita subyace la idea del un rol superior del arquitecto, un rol socio-cultural imprescindible en la máquina de la evolución.

¿Como podrían los atenienses haber desarrollado las primeras aproximaciones a nuestro sistema político actual si no lo discutido en los stoa y hubiesen reunido en el ágora ateniense?

Hay mejor manera de concretizar el ímpetu de desarrollo mecanizado de la URSS que a través de los edificios Plattenbau?

También el nacionalsocialismo alemán materializó su superioridad internacional en un edificio olímpico en las afueras de Berlín.

O una simple pandereta reflejando la bipolaridad sociopolítica mundial.

Tanto desde su interpretación positiva como negativa estos ejemplos dan cuenta de una reverberancia histórica y social del objeto concreto de arquitectura, eso implica que sus bienhechores autores se enfrentaron a la tragedia humana de elegir (Isaac Berlin). Escoger es perder, en la medida que matizamos nuestra realidad y nos la apropiamos desde un enfoque personal, privado que debe ser llevado a un statement público.

Ingredientes:
1) Toma de conciencia del rol social/político del arquitecto (“humanización del arquitecto”)


2) Canalización de una posición frente a la continuidad o en su caso discontinuidad entro lo privado y lo público. Entendiéndose por privado; la vida o el espacio que yo escojo vivir, y por público; la vida, en nuestro caso espacio que las instituciones dictan o exigen para vivir.

3) Ejercicio de la capacidad de discernimiento, a favor de la autoproclamación de una opinión con respecto a nuestro contexto histórico, político y social.

Es aquí donde me pregunto cuan abstraídos nos encontramos dentro de la escuela de lo que realmente esta pasando fuera de este núcleo protegido. Cuántos de nosotros tenemos opinión informada desde nuestra experticia en temas contingentes, como las modificaciones a los planes reguladores (La Reina, Providencia),la calidad de vida en la ciudad v/s las ZODUC, los abismos sociales que producen las carreteras concecionadas, las megápolis expansivas latinoamericanas v/s bolsones aislados, los petrodólares cristalizados en Dubai,… el despojo de identidad y valor cultural de los grandes proyectos mundiales, convertidos en un festín de artificios luminosos difícilmente distinguibles desde nuestras latitudes tecnicistas.

La arquitectura es el arte de lo palpable/real/concreto….más aún que las ciencias con sus resultados cuantitativos, pero ininteligibles en su complejidad para el ciudadano común o las artes que subjetivizan la crudeza objetiva, en nuestro futuro yace una de las profesiones mas gratificantes por su continuidad entre el esfuerzo privado y el goce público.

Es aquí donde mi interrogante se vuelve más acuciosa, iremos a convertirnos en

¿Tecnócratas; respondiendo al paradigma de mercado?
¿Encantadores de serpientes?
¿Arquitectos que al igual que los políticos proyectamos el mundo en el que queremos vivir, con la meta final de hacerlo palpable?